ELEGIDOS POR AMOR PARA ESTAR EN SU PRESENCIA SANTOS E INMACULADOS A ÉL EN EL AMOR.

 

ELEGIDOS POR AMOR PARA ESTAR EN SU PRESENCIA SANTOS E INMACULADOS A ÉL EN EL AMOR.

 Y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó.” (Rm 8, 30)

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1, 3)

El único destino que nosotros aceptamos es el que Dios nos ha dado: “La elección.” Gratuita e inmerecida ya que fuimos elegidos por amor desde de nacer:   “por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; (Ef 1, 4)

“La filiación”. “eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado” (Ef 1, 5). Nuestro destino es ser hijos de Dios, y si hay filiación hay también fraternidad, todos los hijos de Dios son también hermanos entre ellos.

La “redención” En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia” (Ef 1, 7) La redención hace referencia al sacrificio perfecto que Cristo ofrece al Padre por nuestra salvación. Para el perdón de los pecados y para abrirnos el camino para que el Espíritu Santo venga a nosotros.

Y la “Santificación.” “que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo” (Ef 1. 3- 9) Los dones del Espíritu Santo que Dios infunde en los corazones que están en gracia de Dios para que podamos conocer el misterio de su Voluntad.

Jesús realiza en la Historia la Obra del Padre y el Espíritu Santo la actualiza en nuestra historia Para que nos apropiemos de los frutos de la redención. Para que en Cristo nos apropiemos de las “Bendiciones de Dios”. ¿Cuándo y cómo sucede esto? “Por la fe y el bautismo” (Mc 16, 16) Nos incorporamos al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y nos revestimos de Cristo (Gál 3, 26)

Al apropiarnos de los frutos de la redención nos hacemos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, templos vivos del Espíritu Santo y en hijos de la Iglesia. Estamos hablando de nuestro Bautismo. El día que recibimos la justificación por la fe para recibir el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo (Rm 5,1) Ahora somos familiares de Dios (Ef 2, 19) Somos miembros de una Comunidad fraterna. Somos Pueblo de Dios.


Tenemos quien nos enseñe, nos defienda y quien nos consuele.

Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables (Rm 8, 26) Es nuestro Maestro interior, todo para conocer, amar y servir a Cristo y al Padre. Su primera enseñanza es la oración, lo hace con el don de Piedad. Como a niños nos enseña para que aprendamos a vivir en comunión con Dios y con los demás. Como Defensor nos defiende de las acechanzas del Mal para que no caigamos en tentación. Como Consolador nos consuela en medio de nuestras tribulaciones. Y como Poder nos levanta para que sigamos en el camino de Jesús, el Amor.

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y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.” (Rm 8, 27) El Maestro interior nos conoce, para Él somos trasparentes, e intercede por nosotros, siempre en favor de los santos, según la voluntad de Dios: “Qué seamos santificados, para que vivamos en el Reino de Dios y hagamos siempre la voluntad del Señor” que es creer en Jesús y amarnos los unos a los otros (Jn 3, 23) Nos ayuda a renunciar al pecado y hacer el bien siempre (Rm 12, 9)

Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.” (Rm 8, 28) Para los que han sido justificados, perdonados, reconciliados y salvados, es decir, los que confían, obedecen y aman al Señor. El Espíritu Santo es Maestro del Amor y del Servicio, enseña las palabras de Jesús. Enseña el Arte de Amar.

El Arte de amar según Chiara Lubic.

 

Antes que nada, el amor verdadero ama a Jesús en la persona amada. Hay que grabárselo bien en la cabeza: en cada persona que encontramos, detrás de cada una está Jesús. ¿Acaso no ha dicho El, hablando sobre la grandiosa escena del juicio final, que considera hecho a El mismo lo que se le hace a los otros sea bueno o malo? ¿No es su juicio un constante repetir: “A mí me lo hiciste, a mí me lo hiciste, a mí me lo hiciste”? El primer punto que tenemos que grabar en nuestra cabeza para llevar adelante esta revolución de amor en el mundo, es que hay que hacer a los demás lo que se le haría a Jesús, porque Jesús está dentro escondido detrás de cada hermano nuestro. Entonces hay que amar a Jesús en cada uno. Con esta convicción nació el Movimiento. Y con esta convicción se expandió en todo el mundo.

 

El amor verdadero, además – es otra cualidad, y así hacemos un poco de examen de conciencia a ver si lo tenemos o no-, el amor verdadero, ama a todos. No admite excepción de personas; esta sí, esta no. No existe para este tipo de amor, el simpático o el antipático, el lindo, el feo, el grande, el pequeño, el que es de mi patria o el extranjero.

Todos son amados. Recuerdo esta revolución al comienzo del Ideal cuando descubrimos que el amor evangélico nos llevaba a amar a todos. Teníamos también nosotros nuestras simpatías, nuestras antipatías, veíamos a ese que era feo y nos íbamos lejos, nos poníamos cerca del que era lindo, al extranjero no le prestábamos atención, al de nuestra patria sí. Y en cambio, aquí está la revolución: hay que amar a todos. Y amar a todos es la gimnasia espiritual que se nos pide a nosotros los cristianos.

 

El amor verdadero –otra cualidad es el primero en amar. O sea que no espera ser amado para luego amar, sino que comienza siempre. Como hizo el Eterno Padre que envió a Jesús a morir por nosotros, cuando éramos pecadores, ¡no amábamos a Dios nosotros! Y El fue el primero en amar. El auténtico amor cristiano es el primero en amar. Prueben, háganlo, verán que revolución surge a su alrededor viviendo un amor de este tipo. Atención por lo tanto: amamos siempre, a todos, viendo a Jesús, de primeros.

 

 Todavía más, el amor verdadero ama al otro como a sí mismo, exactamente como… como a si fuese yo. Y esto hay que tomarlo al pie de la letra, no se puede amar a sí mismo así nomás. El otro soy yo, yo soy el otro, y  debo amarlo como a mi mismo, por lo tanto hacer a él lo que haría a mí, cosas buenas naturalmente.

 

 Es más: el amor verdadero sabe hacerse uno con los otros. Por ejemplo, si uno sufre saber sufrir con él; si uno está alegre saber estar alegre con él. Por ejemplo, si vas a una boda con mala cara estás equivocado. Hay que gozar con el que goza. O si vas a ver a un enfermo, no se te ocurre reírte o pensar en otra cosa. No, hay que sufrir con él, hay que vivir lo que el otro vive. Hay que hacerse uno con el otro. Por lo tanto no es un amor sentimental, es un amor concreto.

 

Todavía más: el verdadero amor cristiano ama también al enemigo: “Perdona setenta veces…”, ama también al enemigo, y le hace el bien, y reza por él. Este amor al enemigo es la revolución típica de nuestro cristianismo, yo no he encontrado esto en ningún otro lado. Amar al enemigo es algo típicamente cristiano, es típico del cristiano. (Lc 6, 27)

 

Además: el amor verdadero, el que Jesús trajo a la tierra quiere…Jesús quiere que sea recíproco. Que uno ame al otro y viceversa, de modo tal que se llegue a la unidad, esa unidad de la cual Jesús habló en su testamento, en su oración sacerdotal. Es justo el mandamiento nuevo que vino a la tierra con Jesús: “Ámense mutuamente como yo los amé” Porque Él quiere que nosotros imitemos a la Santísima Trinidad, como se aman las Personas en la Trinidad. Que también entre nosotros cristianos nos amemos de esta forma.

Además – y ésta es la última cualidad, después las resumimos todas-, Jesús nos hace comprender que se ama con la cruz, con su cruz, estando en la cruz. El amor, a veces, muchas veces, casi siempre, es sufrir, porque hay que hacerse uno con el otro, hay que renegarse a si mismo y pensar en los demás. Pero luego ¡esto te da una alegría inmensa en el corazón! ».

Todo cristiano es llamado a reproducir la Imagen de Jesús. Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos (Rm. 8, 29)

“Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp 2, 5) Para ser uno con Él y ser unidad participado de la vida Trinitaria y ser conducidos por el Espíritu Santo para aprender amar y seguir a Cristo Jesús.  

 

 

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