PONTE A SALVO Y NO MIRES HACIA ATRÁS PARA QUE NO TE PIERDAS.

 


PONTE A SALVO Y NO MIRES HACIA ATRÁS PARA QUE NO TE PIERDAS.

“Ponte a salvo, no mires hacia atrás, no te detengas en el valle; ponte a salvo en los montes para que no perezcas”. (Gn 19, 17) La mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal. (Gn 15, 26)

La chusma que se había mezclado al pueblo se dejó llevar de su apetito. También los israelitas volvieron a sus llantos diciendo: «¿Quién nos dará carne para comer? ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! (Núm 11, 4- 5) Anhelaban volver a la esclavitud, a la opresión, a la servidumbre de los egipcios. Querían dejar el camino del éxodo que llevaba a la libertad, a la tierra que mana leche y miel (Éx 3, 8)

Jesús avisa a sus discípulos del peligro de volver atrás: Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»(Lc 9, 62) Volver atrás es volver al pasado que ya pasó, ya no vuelve, quedó atrás. Vivir en el pasado nos convierte en neuróticos. Pero Jesús también avisa de los peligros de vivir en el futuro: “Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal”. (Mt 6, 34) El futuro todavía no llega, preocúpate por el presente. Echa una mirada al pasado, sácale una enseñanza, tráela al presente y proyéctate hacia el futuro, pero sin vivir allá.

El pasado no te puedes desprender de él, tu eres tu pasado, lo llevas contigo. Tu vida está llena de experiencias, algunas tristes y dolorosas, otras liberadoras y alegres, otras más bonitas y negativas, pero así es la vida. Vivir en pasado te ayuda a ser neurótico. El pasado hay que redimirlo, hay que vencerlo para que no te haga daño. Pablo nos presenta una realidad que abarca el pasado, el presente y el futuro: “La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; así, la mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor.” (Rm 5, 20- 21) Así podemos entender las palabras de Jesús: “El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es digno de mí.” Pa´trás, ni pa´ agarrar impulso.  

Pablo dice: Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. (Flp 3, 13- 14) “Ellos mismos cuentan de nosotros cuál fue nuestra entrada a vosotros, y cómo os convertisteis a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero” (1 de Ts 1, 9) La vida es Cristo es una vida conducida por el Espíritu Santo, está orientada hacia Dios, no te desvíes ni a izquierda ni a derecha, siempre hacia adelante siguiendo las huellas de Jesús con los ojos fijos en él (Heb 12, 2) La invitación de Jesús a sus discípulos es a remar mar adentro. (Lc 5, 4) Es la invitación a dejar la orilla, la superficialidad, la mediocridad para crecer y madurar en la fe.

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!” Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”. (Mt 8, 23-27)

 

La barca puede ser tu vida, tu familia, tu comunidad, tu patria, la iglesia, sacudida por la tempestad, las pruebas, las crisis que amenazan con hundir la barca. Jesús duerme o le hace al dormido. Una fe dormida es como si estuviera muerta: Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando el trigo brotó y produjo grano, entonces apareció también la cizaña.(Mt 13, 24) La cizaña es el miedo, los celos, la mentira, la envidia, el alcohol, y muchos más. Por eso Jesús nos advierte al decirnos: “Vigilen y oren para no caer en tentación” (Mt 26, 41)

Vigilad significa conócete, despojaos, vístete, lucha y ora. Son los cinco pasos de la conversión verdadera. De la que Pablo dice: “Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos.” (Ef 5, 14- 16)

Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!” Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?.” Cuando la fe falla, equivale a dormirse, lo que significa pecar. Y el salario del pecado es la muerte (Rm 6, 23) Mientras que la fe es confianza, es obediencia es amor a Jesús y a su Iglesia. La fe viva es aquella que nos lleva a reconocernos como lo que somos, débiles, enfermos, pecadores, para luego, despojarnos del traje de tinieblas y revestirnos con el traje de la gracia, revestirnos de Cristo. La fe es poder para luchar contra el mal y vencerlo. El creyente ora y pide a Dios, la ayuda necesaria para poder caminar en la verdad que nos lleva a la libertad de los hijos de Dios (Jn 8, 32; Gál 5,1)

Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”. Este hombre es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el Salvador, el Redentor, el Maestro y el Señor. Que se hizo hombres para sacarnos del pozo de la muerte y llevarnos al reino de su Amor. (col 1,13- 14)



 

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