LA FIDELIDAD A LA PALABRA DE DIOS ES TAMBIÉN FIDELIDAD A LA FE.

 

LA FIDELIDAD A LA PALABRA DE DIOS ES TAMBIÉN FIDELIDAD A LA FE.

 “Tú, pues, hijo mío, manténte fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros.” (2 Tim 2, 1- 2)

La Ortodoxia es la Autoridad que Dios le da a la Iglesia para enseñar su Palabra para que nazca la fe y el conocimiento de la verdad que nos hace discípulos de Cristo Jesús y, nos hace libres de todo mal para que podamos amar y servir a Dios y a los hombres. (Mt 28, 18- 20; Rm 10, 17; Jn 8, 31- 32) Sólo entonces puede aparecer la “Ortopráxia.” Hombres y mujeres fieles a la Palabra, al Mensaje de Jesús. Con unos oídos atentos y con un corazón palpitante. Con hambre y sed de la Palabra de Dios para hacer de la voluntad del Señor.

Juan en su primera carta nos sobre avisa; “Guárdense de los falsos profetas”.  “Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.” (1 de Jn 2, 18- 19)

Muchos laicos se preparan en las escuelas en las parroquias y después que más o menos están preparados se van de la Iglesia para fundar sus propias iglesias. Muchos sacerdotes se van de la Iglesia hablando pestes contra ella. Rompen contra la Ortodoxia de la Iglesia y se van como pastores en alguna secta. La verdad es que se van por no pudieron manipular a la Iglesia, a su Parroquia, al Evangelio. Buscan dinero, sexo, libertinaje, y otras cosas, pronto se descubren y, veces, de allá los echan fuera. O hacen su  propia secta.

La fidelidad a la Palabra de Dios.

De ahí que también por nuestra parte no cesemos de dar gracias a Dios porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes. (1 de Tes 2, 13) La Palabra de Dios es la semilla de la Santidad, de la Justicia y de la Verdad. Nos conduce al Descanso de Dios: el Perdón de los pecados y al Espíritu Santo.

“Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno,” (1 Tim 3- 6) Los hombres pueden crecer en el conocimiento de la Verdad por medio de la predicación de la Palabra de Dios y la salvación puede llegar a ellos por medio de los Sacramentos, negarlo es caer en la herejía. Un solo Dios y un solo Mediador: Cristo Jesús que es Dios verdadero y hombre verdadero. Este es el corazón de la Ortodoxia.

Evita todo palabra vana y vacía de Dios, de Amor y de todo Valor del reino. La fe del hombre virtuoso se prueba en el horno del sufrimiento: “a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo. (1 de Pe 1, 7) “Procura cuidadosamente presentarte ante Dios como hombre probado, como obrero que no tiene por qué avergonzarse, como fiel distribuidor de la Palabra de la verdad. Evita las palabrerías profanas, pues los que a ellas se dan crecerán cada vez más en impiedad,” (2 Tim 2, 15- 16)

El único fundamento es Jesucristo. (1 de Co 3, 11) Sobre este Fundamento se construye la casa sobre Roca: en la escucha y obediencia de la Palabra de Dios. (Mt 7, 24) “Sin embargo el sólido fundamento puesto por Dios se mantiene firme, marcado con este sello: El Señor conoce a los que son suyos; y: Apártese de la iniquidad todo el que pronuncia el nombre del Señor. En una casa grande no hay solamente utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos nobles y otros para usos viles. Si, pues, alguno se mantiene limpio de estas faltas, será un utensilio para uso noble, santificado y útil para su Dueño, dispuesto para toda obra buena. (2 Tim 2, 19- 21)

El Fundamento pide salir y romper con el pecado y cultivar las virtudes cristianas para tener los sentimientos de Cristo (2 Tim 2, 22; 2 de Pe 1- 4) Fundamento que nos garantiza tener una “Fe sólida, un corazón limpio y una conciencia recta (1 de Tm 1,5) Solo entonces podemos ser “Utensilios útiles para servir a Dios y poder ofrecer un culto vivo, santo y agradable a Dios (Rm 12. 1).

Entonces podemos responder a la Ortopraxis con un estilo de vida conducidos por el Espíritu Santo que nos lleva  a la Santidad, a la Unidad y a la Libertad de los hijos de Dios. Lo que es lo mismo que seguir a Cristo Luz del Mundo (Jn 8, 12) Tal como lo enseñó Jesús en el Padre Nuestro: “Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6, 9) Las tres peticiones se encierran en la última: “Hágase la voluntad de Dios”. Voluntad manifestada en su Palabra, para escucharla y ponerla en práctica.

 

 

 

 

 

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