GUARDAR EL DERECHO Y PRACTICAR LA JUSTICIA.

 


GUARDAR EL DERECHO Y PRACTICAR LA JUSTICIA.

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»(Isaías 56,1.6-7)

Guardar el derecho y practicar la justicia equivale a vivir en santidad. Y la semilla de la santidad es la escucha y obediencia de la Palabra de Dios. Este es el primer don que Dios hace a una persona o a una comunidad a la que llama a la salvación. La Palabra abre el camino para que llegue a nosotros el segundo regalo: el amor, la misericordia, es decir, el perdón de nuestros pecados. Este segundo regalo nos abre el camino para que llegue a nosotros el conocimiento y la fidelidad (Os 2, 21- 22) Está por revelarse la victoria de Dios sobre la humanidad.

La justicia de Dios está por manifestarse en nuestro favor: Jesucristo, que es enviado por todos, que nace por todos, que muere y resucita por todos, para hacer de los dos pueblos un solo pueblo, el pueblo de Dios, formado por judíos y gentiles. (Ef 2, 14) Los extranjeros, los que estaban lejos, ahora están cerca, los que no eran familia, ahora son familia, por que han creído en el amor de Dios manifestado en Cristo. Han entrado en la alianza, le pertenecen, lo aman y lo sirven. Guardan sus Mandamientos, practican la caridad, y rompen con el pecado (Eclo 35, 1- 5) Podrán ofrecerme oraciones y sacrificios en la casa del Señor.

Los profetas hablan de la universalidad de la salvación: todos judíos y gentiles son llamados a la salvación. Todos podrán ofrecer a Dios un culto grato y agradable. Podrán ser de cada uno casas de oración por que en ellos reside el amor, la verdad y la vida (Jn 14, 6) Universal significa católica: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 de Tim 2, 4) Dios envío a su Hijo al mundo para que todo el que crea en él se salve (Jn 3, 16) Cristo murió y resucitó por todos, Jesús envió a sus apóstoles al mundo a predicar su Evangelio (Mt 28, 18- 20) El que crea y se bautice se salvará (Mc 16, 16) Por eso la Iglesia es Una, Apostólica y  Católica.

En el pueblo de Dios, formado de gente de todas las naciones, todos somos iguales en dignidad, formamos una sola familia, la familia de Dios. Somos una Comunidad fraterna, solidaria y servicial. El destino del pueblo es el Reino de Dios y su ley es la ley del Amor. La identidad de este pueblo es la dignidad y su libertad.

Ahí no se hace distinción entre judío y griego, pueblo circuncidado y pueblo pagano; ya no hay extranjero, bárbaro, esclavo u hombre libre, sino que Cristo es todo en todos. (Col 3, 11) Todos por la fe y el bautismo hemos sido incorporados al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia:

Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 de Cor 6, 18-20) Toda la Iglesia es conformada de hombres y mujeres de todas las naciones: Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia. (1 de Pe 2, 9- 10)

A pesar de lo anterior, no es bueno confundir la universalidad de la Iglesia con la universalidad del reino de Dios. Podemos afirmar que en la Iglesia hay muchísimos bautizados, muchos creyentes, pocos practicante y poquísimos comprometidos. Hay  muchos bautizados que son ateos y paganos, o creyentes, pero no practicantes, se avergüenzan del Evangelio. Mientras que en la universalidad del reino de Dios, allí se viven las peticiones del Padre Nuestro, se vive en la verdad, la justicia y con libertad se vive y se sirve a los demás. Hay fe y hay conversión (Mt 4, 17) En el Reino de Dios o de Cristo, se ama, se sigue y se sirve a Cristo (Lc 9, 23) El que camina en el reino de Dios lucha contra el mundo, el maligno y la carne, y con la práctica de las virtudes vence al mal (Rm 12, 9) Para revestirse de Cristo (Rm 13, 14).

Como hijos de la Iglesia católica, amémosla y sirvámosla. Como es y no como quisiéramos que fuera: Oremos por sus pastores y por la conversión de todos, los presentes y los ausentes. Amemos a todos para ser católicos.

El llamado es para todos los bautizados, llamados a ser discípulos de Cristo, llamados a ser libres y a ser santos. Llamados a formar la Casa cobre Roca, es decir que tenga como fundamento a Cristo Jesús, el único fundamento (1 de Cor 3, 11) ¿Cómo construir esta Casa? En la escucha y en la obediencia a la Palabra de Dios: «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca”. (Mt 7, 24- 25) La escucha de la Palabra y la obediencia nos lleva a revestirnos de Cristo mediante la práctica de las virtudes.

Todos somos llamados a servir en la construcción de la Casa de Dios. Para que como una sola Familia seamos todos hijos e hijas de Dios, hermanos y servidores de los demás, para que nuestra Casa, sea llamada Casa de Oración. Oración agradecida y humilde, filial y fraterna, en fe e intercesora. Oración íntima, cálida y extensa que tomemos en cuenta a los menos favorecidos. Esta es la Religión que Dios hace con nosotros, unirnos con él y entre nosotros. Expresión de esta Religión la encontramos en Santiago: La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo.(Snt 1, 27) Es una religión cimentada en el Amor, a Dios y al prójimo. La religión hace referencia a la Comunión, a la Reconciliación y al Compartir con todos. Hay una preocupación mutua, una reconciliación continua y un compartir permanente.

Para los que dicen que la religión no salva, estoy seguro que no están hablando de la Religión que Dios hace con los hombres: Nos entregó a su Hijo para que todo el que crea en él se salve y tenga vida eterna. Nos ha dado Espíritu Santo para que nos guie y nos conduzca a Cristo para que vivamos en Comunión con Él para que demos fruto y en abundancia (Jn 15, 7- 9) La respuesta que damos a la acción de Dios es la fe, la esperanza y la caridad. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. (Rm 5, 3- 5)

Fruto de esta Religión lo encontramos en la primera de Pedro: Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz vosotros que en un tiempo no erais pueblo y que ahora sois el Pueblo de Dios, de los que antes no se tuvo compasión, pero ahora son compadecidos. (1 de Pe 2, 9- 10)

 

 

 




 

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