EL HIJO DEL HOMBRE VA A
SER ENTREGADO EN MANOS DE LOS HOMBRES
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea,
pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos.
Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres;
le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará".
Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de
pedir explicaciones. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó:
"¿De qué discutían por el camino?" Pero ellos se quedaron callados,
porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más
importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Si
alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de
todos". Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y
les dijo: "El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me
recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha
enviado". (Mc 9, 30-37)
Jesús ha abierto la “Escuela del discipulado” para todos los
creyentes que quieran tener a Jesús como su Maestro. La inscripción con toda la
enseñanza es gratuita, no se compra y no se vende, sólo pide tener la
disponibilidad de creer, amar y servir a Cristo y su Iglesia. Y desde ella
servir a todos los hombres con fe sincera, corazón limpio y conciencia recta,
es decir para la Gloria de Dios y para el bien de los demás (1 de Tim 1, 5).
La primera lección está
llena de la luz que ilumina el destino de Jesús, no engaña y no manipula: "El
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y
tres días después de muerto, resucitará" El que quiera servirme que me
siga, para que donde yo esté, estará también mi servidor (Jn 12, 26). Los
discípulos no entienden esta lección, estaban llenos de miedo. Jesús es
paciente y tolerante, y les confirma lo anterior diciendo: "Decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada
día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda
su vida por mí, ése la salvará."(Lc 9, 23- 24) El discípulo que siga a
Jesús lo hace por amor.
La segunda lección pide
aceptar a Jesús como el Hijo de Dios, el don de Dios a los hombres, como nuestro Salvador, como
Maestro y como Señor. Para poder apropiarnos de los frutos de la Redención: el
perdón, la paz, la resurrección y el don del Espíritu Santo, para estar con
Jesús y ser por su Obra “Una Nueva creación” (2 de Cor 5, 17) Ser hombres
nuevos con los pecados perdonados en virtud de la sangre de Cristo. (Ef 1, 7) Y reconciliados por Cristo con Dios
y con los demás (Ef 2,14)
La tercera lección pide
abandonar las seguridades, la vida mundana y pagana, los sentimentalismos y los
emocional ismos:
"Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que
vayas.» Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos;
pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»" (Lc 9, 57-
58) abandona la vida según la carne y los infantilismos. Jesús llama y enseña a
sus discípulos a servir: "No ha de ser así entre vosotros, sino que el que
quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que
quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera
que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su
vida como rescate por muchos.»"(Mt 20, 26- 28) Que el servicio del
discípulo se haga por amor a Jesús y los hombres.
Llegaron a Cafarnaúm, y
una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino? Los discípulos no
entendían porque estaban llenos de miedo, de seguro se compartían entre ellos:
“Si vamos con él a Jerusalén, también a nosotros nos pueden matar. Más tarde
Tomás el Dídimo les va a decir: “Vayamos también nosotros a morir con él” (Jn
11, 16) Por lo pronto no entienden, pues mientras Jesús le habla de dolor,
sufrimiento y muerte ellos, hablan de tener los primeros lugares, y de quien
será el más grande.
Una lección más es
hacerse como niños:
Es hacerse pobres humildes y sencillos como el niño, para que puedan confiar y
abandonarse en las manos de Dios, es decir: Háganse discípulos míos, sean como
yo que siendo rico me hizo pobre para enriquecerlos con mi pobreza (2 de Cor 8,
9) Jesús les habla del Nuevo Nacimiento para que sean niños y lleguen a ser mis
servidores: "Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor",
y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado
los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he
dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con
vosotros."(Jn 13, 13- 15) Para lavar pies, el discípulo primero debe
dejarse lavar los pies por Jesús para que pueda tener parte en su Reino, no
como el más grande sino como el servidor de Dios y de los hombres.
La última lección para
estos días, es la Cruz, es decir, no podemos seguir a Jesús sin la Cruz. La cruz es fuente de
luz, de vida, de conocimiento y de amor. Ya no es de madera, ni de metal y de
piedras finas, sino que es de verdad, de justicia, de bondad, y de liberad. En
la Cruz se rompen las olas del mar del pecado. Si realmente amamos a Jesús le
pertenecemos y estamos crucificados con él, muriendo al pecado y viviendo para
Dios. (Gál 5, 24) La Cruz es inseparable de la resurrección. Muerte y
resurrección son dos momentos de un mismo acontecimiento: la Pascua de Cristo.
Es vivir como Jesús vivió: sirviendo y amando a los hombres pecadores.
"El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí
me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha
enviado". Jesús hace referencia a sus discípulos: A quien ustedes escucha
a mi me escucha, y el que los rechace a ustedes, a mi me rechaza.(cf Lc 10, 16)
Discípulo es aquel que sigue a Cristo con fe sincera y con recta intención, es
un enamorado de Cristo Jesús, de su Menaje y de su Obra; sin seguimiento, no hay discipulado y no hay
Gracia de Dios.
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