HIJO SI TE ACERCAS ASERVRAL SEÑORPERMANECE,FIRME E LE JUSTICIA

 

3.             Hijo si te acercas a servir al Señor permanece firme en la justicia y en el temor y prepárate para la prueba


Hijo, si te acercas a servir al Señor permanece, firme en la justicia y en el temor, y prepárate para la prueba. Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él. Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis. Los que teméis al Señor, confiad en él, y no se retrasará vuestra recompensa. Los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo eterno y misericordia. Los que teméis al Señor, amadlo y vuestros corazones se llenarán de luz.
Fijaos en las generaciones antiguas y ved: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?,
o ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, o ¿quién lo invocó y fue desatendido?
Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia, y protege a aquellos que lo buscan sinceramente. (Eclo 2,1-11)

Salmo responsorial

R/. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará

V/. Confía en el Señor y haz el bien, habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;
sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. R/.

V/. El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre; no se agostarán en tiempo de sequía, en tiempo de hambre se saciarán. R/.

V/. Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. Los inicuos son exterminados, la estirpe de los malvados se extinguirá. R/.

V/. El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él. R/.

Sal 36,3-4.18-19.27-28.39-40

 

El relato  del Evangelio.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado». (Mc 9, 30-37)

 

El Señor Jesús, es formador de discípulos.

Al encontrarle a la orilla del mar, le preguntaron: “Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan y os habéis saciado” (Jn 6, 25- 26) El Señor Jesús, en la primera etapa de su Ministerio se dedicó a las grandes multitudes, les hacía milagros y exorcismos, eran muchísimos los que lo seguían, Pero se dio cuenta que muchos no realmente habían creído en él. Entre la gente había espías de Jerusalén que tomaban nota de lo que él enseñaba y le hacía preguntas capciosas para hacer que cayera en la trampa y poder acusarlo. De frente a la enseñanza de la Eucaristía muchos lo abandonaron: «En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.  Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida,” “Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no se lo concede el Padre.»  Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él (Jn 6, 53- 55. 65)

En una segunda etapa de su Ministerio, descubre que lo van a matar, y lo anuncia a sus discípulos tres veces. Pero, toma la decisión de formar a los Doce para que prolonguen en la historia la Obra redentora que él ha iniciado con su predicación, con sus milagros, con sus exorcismos, con su pasión, su muerte y resurrección. Jesús enseña con su Palabra, con su trabajo y con su vida. Elige a los discípulos, pero no los obliga a seguirlo. Quiere cultivar en los suyos la libertad afectiva, la del corazón para que respondan con amor y no por servilismo: “Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?”  Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.” (Jn 6, 67- 69) ¿Qué pensaría Pedro? Volver a la casa de la suegra. Volver a las barcas y a las redes, viejas y remendadas. Volver a  la sinagoga donde nos juzgan y nos van a correr. “Nosotros hemos probado lo bueno qué es el Señor” “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

 

Por el camino seremos purificados y confirmados.

Muchísima es la gente que dice: Dios me ama y me da todo lo que yo le pido. Gente que hace oración, tienen alguna devoción, pero, realmente no conocen al Señor. No han tomado la firme determinación de amarlo, seguirlo y servirlo. Se sigue a otro espíritu, pero no al Señor. Cuando en todo nos va muy bien y quedamos bien con los demás, prepárate, por que el Ángel de la purificación, está a la vuelta de la esquina y en cualquier momento llega para realizar la “Obra de Dios”. El Señor quiere darnos crecimiento espiritual y darnos madurez humana, para eso manda un “Serafín” que significa “ardiente” para purificar los labios y poder responder con generosidad. Experiencia de la que habla Isaías: “Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,  y tocó mi boca diciendo: «Como esto ha tocado tus labios, se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.”   ( Is 6, 6- 7).

La experiencia del encuentro con Jesús, deja en nosotros su Espíritu que nos lleva al desierto para prepararnos para la Misión. En el desierto es lugar de la prueba, del combate, del encuentro con ángeles buenos y con ángeles malos. Al final del desierto se toma la “firme determinación de seguir a Cristo y romper con el mundo”. Cuando no se conoce el desierto, como lugar donde habitan los demonios, como la “victoria de Dios”, nuestra fe será siempre mediocre y superficial, más que recoger desparramamos (cf Mt 12, 30)

El desierto es una etapa de preparación y formación en el que aparecen las pruebas, pero no como castigos, sino como un medio de crecimiento espiritual y madurez humana cristiana. La Visita del Ángel de la purificación tiene dos características: “Viene a confirmarnos en la fe y en el servicio al Reino, y viene, también, a corregirnos para que enderecemos el camino y reorientemos nuestra vida en el seguimiento del Señor Jesús.”

“Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras y no quede al descubierto tu vergonzosa desnudez, y un colirio para que te eches en los ojos y recobres la vista. Yo reprendo y corrijo a los que amo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.” (Apoc 3, 18- 19) “De ese modo, cuando Jesucristo se manifieste, la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor.” (1 pe 1, 7) “¡Feliz el hombre que soporta la prueba!, porque, una vez superada ésta, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman.” (Snt 1, 12) “Escucha el consejo, acepta la corrección y al final llegarás a sabio.” (Prov 19, 20). Durante la prueba espiritual, no digamos: ¿Por qué a mí? Más bien digamos: ¿Para qué a mí?

 

¿Qué hacer cuando estemos dentro de la prueba espiritual?

Aférrate al Señor en íntima, cálida y sólida oración. “ Sé paciente, confía en él, espera en él y en su misericordia” Cuatro hermosas virtudes se van apareciendo en el rostro del discípulo que se deja enseñar durante la prueba por su Maestro: Paciencia, Confianza, Esperanza y Misericordia, es el “Camino” para hacerse como niños” para ser servidores aprobados que han pasado la “noche fría”, “el desierto de la aridez.” Recordemos la experiencia de Jeremías: Entonces Yahvé me dijo: “Si vuelves porque yo te haga volver, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que ellos vuelvan a ti, pero no tú a ellos.  Yo te haré para este pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte —oráculo de Yahvé—“ (Jer 15, 19- 20)

En la prueba, el Señor nos da una doble porción de luz a la que no estamos acostumbrados, haciendo entonces “berrinche”. La finalidad de esta iluminación es hacer que reconozcamos nuestros, defectos de carácter, y dejemos de auto justificarnos, creyendo que estamos bien y que le estamos sirviendo al Señor, cuando en realidad nos servimos a nosotros mismos, y por lo mismo estamos en decadencia espiritual, moral, familiar, comunitaria, civil… “no tires la toalla” “no abandones el servicio” “No abandones el Ministerio” Diríamos con Job: Cíñete, pues, de grandeza y majestad, vístete de gloria y esplendor” (Job 40, 10) Con Pablo: Despójate del hombre viejo y revístete del hombre nuevo (Ef 4, 24) En la prueba no estás sólo, el Señor está contigo, ha venido para que tengas vida y en abundancia (cf Jn 10, 10). Pero también cerca el “ángel malo” que te aconseja, que te mete miedo, diciendo: “no vas a poder” “no pierdas tu tiempo o tu vida” “vas a vivir en la soledad en tu vejez, abandona tu sacerdocio y busca compañera….”

En oración íntima, humilde, sincera y confiada hagamos tres preguntas al Señor a quien queremos servir: a) “Señor que me quieres enseñar” b) “Señor que quieras que yo haga” c) “Aquí estoy Señor, haz conmigo lo que tú quieras.” La “prueba espiritual es una visita del Señor; es un don de Dios; es una enseñanza para la vida para purificar nuestro corazón y revestirlo de gracia. Con la ayuda del Espíritu Santo reconocemos y aceptamos nuestras tinieblas, nuestros pecados, el primer combate, es del Señor. Con humildad pedimos orientación: ¿Qué quieres que yo haga? Que vuelvas a la oración, que vuelvas a la Palabra que abandonaste; que te reconcilies y pidas o des perdón; que seas responsable de tu familia y que no gastes lo que no tienes o pagues lo que debes. Este segundo combate, si se acepta, es también del Señor. La victoria plena para recibir la “corona” sigue el ejemplo de María (Lc 1, 38) “Acepto Señor, tu voluntad y me somete a ella”. Pasa la prueba y deja huella. Se abandona las viejas intenciones para seguir a Cristo por lo que es y no por lo que tiene. Ha sido destruido el ídolo para dar lugar al Señor Jesús para que reine en nuestro corazón. Hemos retomado el camino que lleva a la Verdad y a la Vida. La prueba se hace victoria cuando terminamos Amando a Dios y al prójimo. Lo contrario no dejó superación, crecimiento, santidad, amor.

Padre Santo y Justo, por tu Hijo Jesucristo dadnos Espíritu Santo para nos guie y sea nuestro Maestro interior y nos haga ver a Jesús como nuestro Salvador, Maestro y Señor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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