CRECED EN LA GRACIA Y EN EL CONOCIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO.

 

CRECED EN LA GRACIA Y EN EL CONOCIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO.

Con la ayuda de Dios y nuestros esfuerzos nos ponemos en camino del crecimiento integral.

Hay crecimiento donde hay vida. Todo hombre desde que nace está orientado hacia lo que todavía no es: una plenitud. Una persona madura, plena, fértil, fecunda y fructífera. El hombre crece y madura viviendo con otros y para otros. El crecimiento exige la unidad de las dimensiones humana básicas: la corporal, la mental, la espiritual, la social y la histórica. Lo anterior me hace decir que el hombre no es unidimensional. Es pluridimensional, y además necesita de otros y otros necesitan de él para alcanzar la armonía de sus dimensiones. Dios se hizo hombre para llevarnos a la armonía interior y exterior. El hombre tiene un adentro y tiene un afuera. El crecimiento integral exige salir fuera para ponerse en camino de éxodo. Salir de situaciones de esclavitud para conquistar su libertad interior y exterior, para reconciliar consigo mismo y con el afuera: Dios, los otros y el otro, la creación. La clave del crecimiento es presentada por la Sagrada Escritura en los labios de Juan Bautista: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya.” (Jn 3, 27- 30)

En esa línea Jesús, el Señor dijo: “Si no se hacen como niños no entrarán al reino de Dios” (Mt 18, 3) ¿Cómo lograrlo? Jesús lo dijo: Por el camino del “Nuevo Nacimiento” (cf Jn 3, 1- 5) Nacer de lo alto, nacer de Dios: “Vino a los suyos, mas los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; éstos no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios.” (Jn 1, 11- 13) El nuevo nacimiento pide ir a Jesús, creer en él, entregarle la carga del pecado para recibir el don del Espíritu Santo, es decir, creer y conversión de la mente y corazón, retomar el camino que lleva a la madurez humana y a la salvación. Ir a Jesús es creer en él: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.” (Mt 11, 28-29).

El grito de Pablo a sus comunidades: “despojaos del traje de tinieblas y huyan de las pasiones de la juventud para que puedan crecer y madurar como personas y como discípulos de Jesucristo” (cf Rm 13, 13- 14; 2 Tim 2, 22) Realidad que se puede alcanzar con la gracia de Dios y con nuestros esfuerzos, renuncias y sacrificios. Recordando que la salvación es un don gratuito e inmerecido, pero, no barato. El crecimiento pide alimento para poder tener la fuerza para caminar por los caminos de la vida. Quien ha pasado por el Nuevo Nacimiento; ha pasado de la muerte a la vida, dando muerte a lo viejo por la acción del Espíritu Santo: “malicias y engaños, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias.” (1 de Pe 2, 1) Y ha salido de las manos de Dios para aprender a caminar en la Verdad, en el Amor y en la Justicia, nos  dice el Apóstol: “Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, gracias a ella, crezcáis con vistas a la salvación,  si es que habéis gustado que el Señor es bueno.” (1 de Pe 2, 2- 3)

Las dimensiones del crecimiento integral.

Entretanto, los discípulos le insistían: «Rabbí, come.» Pero él replicó: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.» Los discípulos se decían entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?» Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. (Jn 4, 31- 34) Hacer la voluntad de Voluntad de Dios es la verdadera clave para el crecimiento: Alimento que fortalece, libera, reconcilia y transforma en los que estamos llamados a ser: hijos de Dios, hermanos de los demás y en discípulos de Jesucristo. Las dimensiones del crecimiento son cuatro: hacia abajo, hacia arriba, hacia fuera y hacia dentro. Crecimiento que nos propone san Pablo para vivir la comunión con Dios y con los hermanos, consigo mismo y con la creación: “Hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo. Así ya no seremos como niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce al error. Antes bien, movidos por un amor sincero, creceremos en todo hacia Cristo, que es la cabeza.” (Ef 4, 13- 15)

El cultivo de las dimensiones pide cultivar las virtudes

El crecimiento hacia abajo. Pide cultivar el barbecho del corazón (cf Jer 4, 3) Ponerle las raíces a la fe para profundizar en la Verdad mediante la práctica de las virtudes: En el amor, la humildad, la mansedumbre, sencillez de corazón y la misericordia (cf Col 3, 12)

El crecimiento hacia arriba de la fe verdadera es crecer en confianza en Jesús; en obediencia en Jesús; en pertenencia a Jesús y amor a Jesús y al próximo: “El que tiene mis mandamientos y los lleva a la práctica, ése es el que me ama; y el que me ame será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.” Jesús le respondió: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará; y vendremos a él y haremos morada en él.” (Jn 14, 21. 23)

El crecimiento de la fe hacia adentro nos pide cambio de entrañas de misericordia, cambiar la manera mundana de pensar y cultivar las virtudes de la fe: La fortaleza, el amor, el dominio propio, la pureza de corazón y la santidad: “Dios quiere vuestra santificación: que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios.” (1 Cor 6, 18; 2 Tim 2, 22)

El crecimiento de la fe hacia fuera exige salir de sí mismo para darse, donarse y entregarse en servicio a los demás. La práctica del amor fraterno, la piedad para vivir en comunión con Dios y con los demás. La caridad pastoral vista como la disponibilidad de amar y servir a los pobres como voluntad de Dios (cf Lc 6, 46) Esto nos convierte en discípulos verdaderos del Señor que invita a los suyos a lavarse los pies unos a los otros (cf Jn 13, 13)

La advertencia de Pablo para los que anhelan las cosas de arriba y mantenerse en obediencia a los que Dios nos manda (cf Col 3, 1-4) es de vital importancia: “Como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.  Dice él en la Escritura: En el tiempo favorable te escuché, y en el día de la salvación te ayudé. ¡Pues éste es el tiempo favorable; éste es el día de la salvación!.” (2 Cor 6, 1- 2). El Apóstol recomienda: “Por tanto, que la gente nos tenga por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se exige de los administradores es que sean fieles.” ( 1 Cor 4, 1- 2)

Señor Jesús, extiende tu mano y levántame, ayúdame a crecer como hijo de Dios y como persona. Enséñame a caminar en la fe, la esperanza y en la caridad.

 

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