EN LA ESCUELA DE JESÚS


En la escuela de Jesús.

Objetivo. Comprender la necesidad incorporarse a la escuela de Jesús para hacerse sus discípulos misioneros, seguir sus huellas, configurarnos con Cristo y ser transformados en testigos de su Amor.
Iluminación. “Con los ojos fijos en Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe” (Hb 12, 2) Vamos aprendiendo paso a paso a ser con él, instrumentos valiosos en las manos de Dios Amor, para irradiar lo que llena nuestro corazón en el rostro de los hombres.

La fundadora del Movimiento focolar, Chiara Lubich, nos legó un itinerario, que puesto en práctica, es capaz de hacer de la Familia y de la misma Humanidad, una Comunidad de Vida y de Amor para ir entendiendo que lo que importa es amar.

1.      AMAR POR PRIMERO.

La primera característica que mejor distingue el amor de Dios Padre es su absoluta gratuidad. La salvación no se compra ni se vende. Su Amor se contrapone radicalmente al amor del mundo. Mientras este último se basa en la correspondencia y la simpatía (amar a los que no nos aman o nos son simpáticos), el amor del Padre Celestial es del todo desinteresado; se da a todas sus criaturas independientemente de la respuesta que pueda llegar. Es un amor cuya naturaleza es tomar la iniciativa comunicando todo lo que posee. En consecuencia, es un amor que construye y que transforma. El Padre Celestial nos ama no ya porque seamos buenos, espiritualmente bellos y por eso merecedores de atención y benevolencia; sino al contrario, amándonos crea en nosotros la bondad y la belleza espiritual de la gracia, haciéndonos ser amigos e hijos suyos.

El amor verdadero, es el primero en amar. O sea que no espera ser amado para luego amar, sino que comienza siempre como hizo el Eterno Padre que envió a Jesús a morir por nosotros, cuando éramos pecadores (Rom 5, 6), ¡ nosotros no amábamos a Dios! Y El fue el primero en amarnos (1 Jn 4, 10). El auténtico amor cristiano es el primero en amar. Prueben, háganlo, verán que revolución surge a su alrededor viviendo un amor de este tipo. Escuchemos la Palabra de Dios.
“En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4, 10). Solo Dios ama incondicionalmente, los amores humanos son interesados y condicionados, razón por la que el Apóstol nos exhorta a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2, 5) “que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9).

Dios ha tomado la iniciativa, nos ha amado por primero, sin que hayamos tenido mérito alguno para que comprendamos que la “salvación” es un don gratuito e inmerecido que no se compra ni se vende. San Pablo en el himno Cristológico nos dice: “Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1, 4).Elegidos por amor desde la eternidad sin méritos personales. Somos una manifestación del amor de Dios que tomó la iniciativa para llamarnos a  la existencia y nos ha dado destino: ser adoptados como hijos suyos, llamados a pertenecer a Jesucristo y a formar parte de su pueblo santo (Rom 1, 7).

Dios es Amor y es, el Totalmente Libre para crearnos de la nada, para enviarnos a su Hijo, (Jn 3,16) darnos Espíritu Santo (Rom 5,5) y hacer de cada ser humano un “hombre nuevo”, responsable, libre, creativo y capaz de amar (2Cor 5, 17; Gál 5, 1.13). Dios no exige a nadie lo que antes él no nos ha dado, pero, la hermosa noticia es que nos amó primero, y nos llama al Amor gratuito. Digamos que la vida del hombre se divide en dos, el antes de conocer a Cristo y el después de encontrarse con él. Nadie da lo que no tiene, sólo cuando se ha tenido la experiencia de salvación y liberación, el amor de Dios es derramado en nuestros corazones para que amemos como Dios nos ama: inmensa e incondicionalmente. Ahora podemos tomar la iniciativa y amar por primero, salir de nosotros mismos e ir al encuentro de los otros para irradiarlos con el amor de Cristo.

Amar por primero pide salir fuera para ir en la búsqueda de “los hijos pródigos”: de los que nos han ofendido o se han distanciado. No hay que esperar, si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña. Si ha habido enojos o malos entendidos, no den lugar a los resentimientos, al odio, a las venganzas, es el momento de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica: “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo” (Ef 4, 25- 27) “No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal” (Rom 12, 21).El Amor es una fuerza creativa que nos libera, nos reconcilia, nos sana, nos promueve. Nos ayuda a ser cada vez más amables, generosos y serviciales.

AMAR A TODOS.
Otra característica del amor de Dios Padre es su universalidad. Dios ama a todos indistintamente. El tiene como medida la ausencia de todo límite y toda medida. Por otra parte, este amor suyo no podía ser gratuito y creativo si no estuviese totalmente proyectado allí donde hay una necesidad o un vacío que colmar. Precisamente por esto el Padre Celestial ama también a esos hijos que son ingratos o rebeldes o están alejados; es más, se siente particularmente atraído hacia ellos (ChiaraLiubic).

Amar a los que nos aman, nos ha dicho el Señor Jesús no es muy difícil: “Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman” (Lc 6,32). El Señor invita a los suyos a ser compasivos y misericordiosos para con todos (Lc 6, 36), que nadie se sienta excluido porque la voluntad de Dios nos ha sido revelada: "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1Tm 2,3-4). Cristo vino por todos, y no sólo por el pueblo de Israel. El murió por todos, para que los pecados de todos fueran perdonados (Ef 1, 7). Cuando se comprende que el amor de Dios es universal comenzamos abrir nuestra mente y nuestros ojos para aceptar a los demás como hermanos, y a extender nuestra mano para compartir con ellos los dones que el Señor nos ha dado para nuestra realización y para ayuda de los otros, especialmente de los menos favorecidos. Los peores enemigos de nuestra salvación y por lo tanto de la dinámica del amor, serían entonces el “individualismo y el relativismo” que hacen decir: “estando yo bien los demás allá ellos” y “Cuánto tienes, cuánto vales”.

Para el Apóstol Pablo, todos, judíos y gentiles, pobres y ricos, hombres y mujeres somos contemplados con la misma mirada divina: “Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, y anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y sus decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo. De este modo, hizo las paces y reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu”. (Ef 2, 13- 18)La universalidad del amor nos pide tener la mirada de Dios y pensar a todos como Dios los piensa, para reconocer a todos como personas valiosas, importantes y dignas. Aceptar a todos y respetarlos incondicionalmente.

El amor evangélico nos lleva a amar a todos, sin excluir a nadie y a comportarnos como verdaderos hijos del Padre Celestial, es decir, imitando su amor, sobre todo en las características que hemos puesto de relieve: la gratuidad y la universalidad. Entonces, trataremos de ser los primeros en amar con un amor generoso, solidario, abierto a todos, especialmente hacia aquellos vacíos que podamos encontrar a nuestro alrededor. Trataremos de amar con un amor desapegado de los resultados. Nos esforzaremos en hacernos instrumentos de la liberalidad de Dios, haciendo partícipes a los demás de los dones naturales y de gracia que hemos recibido de Él. Dejándonos guiar por esta Palabra de Jesús, veremos con ojos nuevos y con un corazón nuevo a cualquier prójimo que pase a nuestro lado, cualquier ocasión que la vida diaria nos ofrezca. Y allí donde nos encontremos trabajando (familia, colegio, ambiente de trabajo, hospital, etc.), nos sentiremos impulsados a dispensar este amor que es propio de Dios y que Jesús trajo a la tierra, el único capaz de transformar el mundo (Chiara Lubich).

2.      HACERSE UNO.

El amor verdadero ama al otro como así mismo y sabe hacerse uno con los otros. Por ejemplo, si uno sufre saber sufrir con él; si uno está alegre saber estar alegre con él. Por ejemplo, si vas a una boda con mala cara estás equivocado. Hay que gozar con el que goza. O si vas a ver a un enfermo, no se te ocurre reírte o pensar en otra cosa. No, hay que sufrir con él, hay que vivir lo que el otro vive (ChiaraLubic). Hay que hacerse uno con el otro. Por lo tanto no es un amor sentimental, es un amor concreto. Hacerse uno con el otro a la luz del Amor es hacerse solidario cargando con sus debilidades, haciendo propio el problema del otro; tener disponibilidad para compartir según su necesidad y de acuerdo a las propias necesidades (Rom 15, 1). “Quien ve a su hermano pasar necesidad y no le ayuda es peor que un pagano” (1 de Jn 3, 17) Hacerse uno con el enfermo, con el secuestrado para ayudar a pagar su rescate, con el padre desempleado que no puede pagar la inscripción de la escuela de sus hijos. No esperemos que vengan a pedirnos, tomemos la iniciativa y salgamos a buscar con quien hacerse uno por amor y nunca para quedar bien.

3.      VER A JESUS EN EL OTRO.

El otro, los otros, el enfermo, el pobre, el extranjero, etc., son lugares teológicos en donde podemos encontrarnos con Dios. Ver a Jesús en el otro implica poseer la mirada de Jesús para vernos como él nos mira, con amor, respeto, admiración. Lo primero es dejarse encontrar por el Señor Jesús que busca a las ovejas perdidas hasta encontrarlas (Lc 15, 4), es decir, las ama hasta el extremo (Jn 13, 1). Hoy se habla de darle sentido a la vida. Es decir orienta tu vida hacia Dios. Búscalo de todo corazón y él se dejara encontrar por ti (Jer 29, 13). El hombre busca a Dios y él busca al pecador, el encuentro es posible porque Dios se deja encontrar, se hace el encontradizo, como el caso de la mujer samaritana (Jn 4) y Zaqueo (Lc 19,1ss). Lugar por excelencia para encontrarse con el Señor es el propio corazón (Mt 6).

Después de encontrar a Dios en nosotros mismos, ahora vayamos a buscarlo en los demás. Si no somos capaces de encontrarlo en los otros, significa que tampoco lo hemos encontrado en nosotros, seguimos vacíos, ciegos y sordos. Reconocer a Cristo en el rostro de los pobres es un signo profético de crecimiento y madurez humana que supera el reconocer al otro como persona y poder amarlo con el amor de Cristo, aceptarlo como hermano y cargar con sus debilidades. El otro es de mi misma naturaleza, me pertenece y yo le pertenezco a él, somos miembros unos de los otros (Rom 12, 5). Hijos de un mismo Padre (Gál 3, 26) Hermanos unos de los otros, somos una fraternidad (Mt 9, 23) llamados a servirnos unos a los otros (Jn 13, 13). Somos entonces, una Comunidad de hombres y mujeres con los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2, 5).

5. AMAR AL ENEMIGO.
El amor cristiano, el que nos ha traído Cristo, no tiene fronteras. No podemos encerrarlo en círculos familiares ni egoístas. Jesús nos pide amar a Dios y al prójimo.   "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).Pero sabemos de un amor más grande: “Perdónalos Padre porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34): el verdadero amor cristiano ama también al enemigo y se abre al perdón sin límites: “Perdona setenta veces…” (Mt 18,22), es decir siempre. Perdonar es amar con el mismo amor con el que Cristo nos amó y dio su vida por nosotros.Los discípulos de Jesús son llamados a amar también al enemigo, y  hacer el bien, y reza por él (Lc 6, 27). Este amor al enemigo es la revolución típica de nuestro cristianismo, yo no he encontrado esto en ningún otro lado. Amar al enemigo es algo típicamente cristiano, es típico del cristiano. La única revolución capaz de salvar al mundo. Escuchemos al fundador de esta revolución decirnos:
“Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan” (Lc 6, 27-28) Además: el amor verdadero, el que Jesús trajo a la tierra quiere…Jesús quiere que sea recíproco. Por eso nos dejo su Mandamiento: “Ámense los unos a los otros como yo os he amado” (jn 13, 34).Que uno ame al otro y viceversa, de modo tal que se llegue a la unidad, esa unidad de la cual Jesús habló en su testamento, en su oración sacerdotal. Es justo el mandamiento nuevo que vino a la tierra con Jesús: “Ámense mutuamente como yo los amé” Porque El quiere que nosotros imitemos a la Santísima Trinidad, como se aman las Personas en la Trinidad. Que también entre nosotros cristianos nos amemos de esta forma.
1.      AMARSE RECIPROCAMENTE.

El amor recíproco está cimentado en dos columnas: la apertura y la acogida, para que el amor sea auténtico. “Effata”, significa abrirse a la acción de Dios y de los hermanos. Effata significa entonces dejarse amar por los otros, dejarse servir y ayudar, es sentarse a la mesa con ellos para compartir lo que generosamente pueden ofrecer. Para que se dé un encuentro interpersonal hay que remover las barreras de soberbia, egoísmo, autosuficiencia. Hay que bajarse del “árbol de grandeza” como Zaqueo, (Lc 19,1-10). Hay que bajarse por la acción del Espíritu Santo del “caballo” como Pablo en el Camino de Damasco (Hch 9). Dejarse amar por los pobres es reconocer y aceptar que también ellos son sujetos de la Evangelización. Evangelizar es amar…  y dejarse amar.

2.      AMAR CON OTROS.
En el Reino de Dios, nadie se realiza solo (Rom 14, 8). Necesitamos de los otros y ellos necesitan de nosotros. Buen servidor no es el que hace muchas cosas, pero las hace sin los demás. El arte de amar nos enseña a servir con otros, caminar con ellos y aprender de los demás, dejando que también aprendan de nuestros aportes. El hombre se realiza amando y el amor se expresa en la donación, entrega y servicio. Si negamos a otros la oportunidad de ser amando, sería negarles la oportunidad de realizarse, y a la vez, nos empobreceríamos al despreciar su ayuda. “Ya estamos completos”, es una mentira. Todos somos importantes, y tenemos algo que los demás necesitan, ellos a la vez, poseen algo que nosotros podemos necesitar.

Seamos personas abiertas al “Compromiso Cristiano”. El compromiso es el “ser enviados con otros a favor de otros” para ayudarles hacerse más y mejores personas. Es poner en práctica el evangelio de Jesús que nos invita al “Amor reciproco” al darnos su Mandamiento Regio: Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13, 34). Este es el Amor que hace unidad, libera y hace fraternidad. El “Amor recíproco” es lo que nos identifica como “discípulos de Jesús, amigos suyos, pueblo de su propiedad” (Rom 1, 7; Gál 5, 24). Somos de Cristo por que nos amamos y nos servimos unos otros. Busquemos siempre el bien de los demás, como el Señor Jesús lo hizo, en eso está la gloria de Dios.
La finalidad de todos es la Gloria de Dios y el bien de la Iglesia.
Llevemos una vida empapada de oración filial, humilde, fe e intercesora.
Para que dediquemos una vida en favor de los enfermos, los pobres al estilo de Jesús.

Publicar un comentario

Whatsapp Button works on Mobile Device only

Start typing and press Enter to search