UN CIEGO QUE GUÍA A OTRO CIEGO LOS DOS CAEN EN EL HOYO

 

UN CIEGO QUE GUÍA A OTRO CIEGO LOS DOS CAEN EN EL HOYO

Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?» El les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.» (Mt 15, 12- 14)

¿A dónde nos llevan los ciegos? Nos llevan a la herejía, a la dictadura, al cisma, al totalitarismo, al relativismo, al individualismo, a la guerra, al divorcio, a la muerte…. Todos están unidos y nos llevan a la deshumanización y a la despersonalización. Todos empiezan con palabras bonitas y halagadoras que prometen paz, poder y enriquecimiento, pero, al final viene la pobreza  material, económica, hasta llegar a la miseria humana. El ciego no tiene luz, a lo bueno le llama malo y a lo bueno le llama malo.

El ciego, el que camina en tinieblas, invierte los valores valora al hombre por lo que tiene, por lo que sabe o por lo que hace, por eso cae en la mentira, la verdad es que todo hombre vale por lo que es, una persona, digna, valiosa e importante. Hombres y  mujeres llamados a ser libres con la dignidad de ser hijos de Dios donde todos somos iguales en dignidad.

El ciego es totalitarista, piensa y habla por todos, sólo él posee la verdad e impone sus caprichos o sus criterios. Es opresor y mata las iniciativas de los demás o quitan de en medio a los que les estorban. Frente al totalitarismo se levanta el conformismo, el otro enemigo de nuestra realización humana, querer vivir como otros viven, pensar y hablar como otros lo hacen. Nos sumergen en el hedonismo y en el consumismo.

El camino de nuestra realización humana pide el respeto a la dignidad de toda persona, Al Yo, llamado a ser Nosotros, a lo Mío llamado a ser Nuestro. Para pertenecer a una Comunidad formada de hombres y  mujeres, pobres y ricos, judíos o gentiles, ateos o religiosos (Col 3, 11) Pero todos iguales en dignidad, pero, diferentes en carismas o en valores.

 Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» (Jn 8m 12) Con la luz de Jesús reconocemos nuestra dignidad y la dignidad de los demás. Reconocemos nuestros errores, defectos y también reconocemos los valores que poseamos para ponerlos en común. Podemos discernir el bien del mal, rechazar lo malo y hacer lo bueno. La luz de Cristo es la Verdad que nos hace libres todo mal, (Jn 8, 32) para que amemos y sirvamos con libertad a los demás, eso es democracia. El que tiene la luz de Cristo es también luz para los demás (Mt 5, 13) Los reconoce personas, los acepta como son, los ayuda y libera, los perdona y se abre con ellos a un dialogo liberador. La luz llega a nosotros por la escucha de la Palabra que nos muestra el camino a recurrir (Rm 10, 17) y a valorarnos como personas redimidas por Cristo (Ef 1, 7; Heb 9, 14).

El que escucha la Palabra y la obedece construye su casa sobre roca, sobre lo firme, lo estable y lo seguro (Mt 7, 24) Construye su casa sobre Cristo para luego reproducir su Imagen: Manso y humilde de corazón (Mt 11, 29) Misericordioso y compasivo (Lc 6, 36) Libre y capaz de amar hasta el extremo (Jn 13, 1) Capaz de orar por sus enemigos y dar la vida por ellos (Lc 23, 34) Para tener la luz encendida en nuestros corazones hay que estar en comunión con Cristo, Si algún día tenemos la desgracia de apagar la luz, vayamos con Cristo con u corazón contrito y arrepentido y el enciende nuestros corazones con la luz del Espíritu Santo.

Los discípulos son llamados luz del Mundo y sal de la tierra (Mt 5, 13. 14) Hombres y  mujeres, pobres y ricos, jóvenes y viejos todos los que escuchan la Palabra de Dios y la obedecen son Discípulos de Cristo, juntamente con lo anterior hemos de aceptar pertenecer a Cristo para amarlo y servirlo, como también hemos de pertenecer al Grupo de los Doce, a la Comunidad de Jesús. Comunidad fraterna, solidaria y servicial. Comunidad en la que nos preocupamos unos de los otros; vivimos reconciliarnos unos con los otros y vivimos compartiendo con los demás lo que somos, lo que tenemos y lo que sabemos. Qué hermoso es saber que somos regalo de Dios para los demás, llamados a vivir en comunión.

No podemos servir a dos señores, con alguno se queda mal. No sigamos al ciego, sino a Cristo, uno u otro, conmigo o contra mí, el que no junta desparrama (Mt 12, 30)

 

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