CINCO LLAVES PARA ENTENDER LA EUCARISTÍA

 

1.     Cinco llaves para entender la Eucaristía.

 

Muchas son las personas que no entienden lo que está pasando a lo largo de la celebración de la eucaristía, y algunos se aburren al no encontrarle el sentido a la Misa. Sabemos que se trata del Sacramento de nuestra fe. Lo esencial es creer que Jesús está presente en el Pan y en el Vino que se han consagrado por las palabras de la consagración y por la acción del Espíritu Santo”.

 

La primera llave es el “silencio”. Para lograrlo hay que tener recogimiento interior. El silencio ha de ser interior y exterior. Cuando nuestro corazón está lleno de preocupaciones estériles, estamos llenos de ruidos que impiden que el Espíritu haga oración en nuestro interior de acuerdo a las palabras de la Escritura: No sabemos orar como conviene pero el Espíritu Santo ora e intercede por nosotros. El hombre de hoy tiene miedo hacer silencio, y solo en el silencio del corazón puede escuchar la voz de su conciencia.

 

La segunda llave es la “contemplación”. Mirar con los ojos del corazón, con los ojos de la fe a Aquel que sabemos que se entregó por todos los hombres y que está presente en la Eucaristía. Él mismo es nuestra Eucaristía.

 

La tercera llave es “la oración”. A Misa vamos a orar, y en ella podemos encontrar todas las formas de oración cristiana que queramos. Desde la oración de pedir perdón, dar gracias, silencio, acogida, ofrecimiento, vaciamiento, experimentar el amor de Dios y muchas más. En la Misa oramos como hijos de Dios y como hermanos de los demás.

 

La cuarta llave es la “caridad”. La caridad es la vida de Dios derramada en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado (cfr Rom 5, 5) Es donación, entrega abandono en las manos de Dios, es disponibilidad de hacer la voluntad de Dios, de servirlo en los demás; es disponibilidad de ofrecerse y dar la vida como sacrificio con Cristo por la causa del Reino de Dios.

 

La quinta llave es “la escucha”. Escuchar la voz de Dios que habla a nuestro corazón para animarlos, exhortarnos, motivarnos, enseñarnos y corregirnos. Cuando escuchamos a Dios en la Misa nuestro corazón arde, nuestra mente es iluminada con la luz de la verdad y nuestra voluntad se fortalece para orientar nuestra vida en la “Voluntad de Dios”. De la calidad de la “escucha” será nuestra fe, es decir, nuestra confianza en el Señor, nuestra obediencia a su Palabra, nuestra pertenecía y nuestra consagración a Él: “estoy a la puerta y llamo, si alguno, escucha mi voz y me abre la puerta, Yo entro, y ceno con él y el conmigo” (Apoc 3, 20)

 

Estas cinco “llaves” son manifestación de nuestra apertura a la acción del Espíritu; son expresión del verdadero culto a Dios, y su eficacia depende de la fusión de todas ellas: sin silencio no hay escucha, sin la escucha no se da el diálogo que es la oración, y sin la oración, no hay caridad, ésta es el alma y la fuerza de la oración.

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