Vosotros sois la Luz del Mundo.

      Iluminación: Vosotros sois la Luz del mundo, la sal de la tierra y el fermento de la masa (Mt 5, 13- 14; 1 Cor 5, 6)

1)     Jn 8, 12. “Yo soy la luz del Mundo”. Todo el que está en Cristo ha pasado de las tinieblas a la luz, del pecado a la Gracia, de la esclavitud a la libertad, de la aridez al agua viva.

2)      Ef 5, 7-8. “antes ustedes eran tinieblas, mas ahora, por haber creído en Cristo, sois luz, y los frutos de la luz son la verdad, la bondad y la justicia”. Este es el Camino que nos lleva  a la Paz, a la Salvación, a la Unidad en el Espíritu. ¿Qué ha sucedido? Ha habido un “paso”, un “salto”. El salto de la fe.

3)     Juan 6, 39. “todo aquel que cree en Jesús, tiene la vida eterna, tiene la Luz; tiene el amor de Dios en su corazón”. La luz es vida, es amor, es el poder de Dios que actúa en nuestros corazones y se manifiesta como servicio en favor de los demás. ¿Qué hacer para tener vida eterna; para ser luz de las naciones y sal de la tierra? La respuesta que nos da la Sagrada Escritura es “creer en Jesús”.

 

4)     ¿Qué significa creer en Jesús? Lo primero es creer que Dios nos ama, a todos y a cada uno, con un amor incondicional, infinito y eterno. Amor que se ha manifestado en Cristo nacido para nuestra salvación. Cristo murió para que nuestros pecados fueran perdonados y resucitó para nuestra justificación (Rm 4, 25).

 

5)     Creer en Jesús es confiar en él: la fe en Cristo es confianza: “Yo sé en quien he puesto mi confianza” (2 Tim, 1, 12) Es obediencia y pertenencia: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. (Jn 15, 13) “Además, los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias” Gál 5, 24); creer en Jesús es seguir a Jesús y servirlo (Jn 12, 26).Existencialmente somos del Señor Jesús en la medida que lo amemos.

 

6)     ¿Somos luces apagadas o somos luces encendidas?

 

Hay luz cuando  nuestra vida está cimentada en Cristo. Estamos en comunión con él porque lo amamos, lo obedecemos, le pertenecemos, nuestra vida está en sus manos, por eso podemos ver y cantar sus maravillas.

 

Qué bello es escuchar las Palabras de Aparecida para comprender que sin la acción del Espíritu Santo en nuestra vida seremos velas pagadas. Es Espíritu Santo expulsa de nuestro interior toda la mentira y nos reviste con la verdad; expulsa todo el odio y nos reviste con el amor; expulsa toda la muerte de nuestro corazón y nos reviste de vida; es decir, nos reviste y nos llena de Cristo. Pablo nos exhorta a revestirnos de Cristo Jesús: “Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no andéis tratando de satisfacer las malas inclinaciones de la naturaleza humana” (Rom 13, 14) “Así que, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre y paciencia” (Col 3, 12).

 

Con cuánta razón el Señor Jesús dijo a sus discípulos que no basta con ponerle un curita a las heridas del corazón: “No se puede poner un parche nuevo a un vestido viejo” (Mc 2, 21) ¿Qué hace falta? Jesús nos propone “Un Nuevo Nacimiento”. Nacer de lo Alto, nacer de Dios (Jn 1, 12) De acuerdo a la advertencia del Señor a Nicodemo: “Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3, 4).

 

7)     El nuevo Nacimiento.

 

¿Qué se requiere para nacer a la vida de la Gracia?

·      Escuchar la Palabra de Dios. (Rm 10, 17; Jn 8, 31-32; 15, 3; 17, 17; 2 Tm 3, 14ss)

·      Palabra de Luz que ilumina mi corazón y me convence de pecado. “Reconozco que soy pecador”: “y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio. 9 En lo referente al pecado, porque no creen en mí” (Jn 16, 8ss).

·      Palabra de vida que me pone en camino hacia la Casa del Padre. “El arrepentimiento”. Abandonar las obras muertas del pecado para orientar la Vida hacia el Dios vivo y verdadero,  siguiendo las huellas de Jesús (1 Ts 1,9)

·      Palabra liberadora que guía al Encuentro con Cristo”. Nos lleva al Juicio donde Satanás es echado fuera y los pecados son perdonados. 

·      Encuentro liberador, porque Cristo me perdona y me libera;  gozoso, porque experimento la fuerza de la Resurrección. He nacido de nuevo; he nacido de Dios; ahora soy una nueva creación, soy luz, soy hijo de Dios. Soy portador de los dones de Cristo Resucitado a su Iglesia: El Perdón, la Paz, la Misión y el don de su Espíritu Santo (Jn 20, 20- 22).

·      Y, ¿ahora qué? A dejarse conducir por los caminos de Dios. Como niño recién nacido buscar la “lechita espiritual pera”, vivir según el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo (Flp 1, 27).

 

7)     Buscando crecer en la fe.

Los medios que la Iglesia nos ofrece para crecer en la fe son la Palabra de Dios, la oración, los Sacramentos, la obras de misericordia y en apostolado, más aún, podemos decirlo de otro modo: el camino del crecimiento espiritual es “el vivir de encuentros con el Señor Jesús, como sus Discípulos Misioneros. La exhortación de dos Apóstoles:

·      “Llevando una vida digna del Señor. Dando frutos y creciendo en el conocimiento de Dios; revestidos con la energía de su Poder; dando con alegría gracias al Señor” (Col 1, 10-12).

·      “Esfuércense por añadir a vuestra fe los buenos hábitos, a los buenos hábitos la buena conducta; a la buena conducta la prudencia, a la prudencia la templanza; a la templanza la justicia, a la justicia la fortaleza, a la fortaleza la piedad, la piedad, el amor fraterno y al amor fraterno la caridad” (2 Pe 1, 5- 9).

 

Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros.

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