Haz eso y vivirás.

1.     El relato bíblico.

Se levantó un doctor de la Ley y dijo para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿Qué debo hacer para conseguir en herencia la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la ley?¿Como lees?”. Respondió: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Díjole entonces: “bien has respondido. Haz eso y vivirás.

Un doctor de la Ley, pertenece a la clase aristócrata intelectual. Eran los intérpretes de la Toráh. Algunos pertenecían al Sanedrín y a los tribunales de justicia. Eran los expertos en la exégesis de la Sagrada Escritura. Poseían a demás una ciencia secreta, la tradición esotérica. Su prestigio era tan grande que la gente se levantaba  respetuosamente a su paso y los saludaba llamándolos “Rabbí”. Les reservaban los primeros lugares y los puestos de honor. Se distinguían por la vestidura, una túnica en forma de manto adornada con largas franjas (Mt 23, ss)

En Mateo y en Marcos la pregunta es sobre el Mandamiento mayor: “Maestro, ¿Cuál es el Mandamiento más importante de la Ley?” (Mt 22, 34ss) Cuestión importante para los judíos y tema de grandes discusiones.

En Lucas  encontramos también la pregunta que el joven rico hace al Señor: “Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para tener vida eterna” (Mt 18, 18). Lucas escribe su Evangelio para cristianos venidos del paganismo. La pregunta entre ellos versa sobre la “vida eterna”. Para el evangelista san Juan que es el que más habla sobre la “vida eterna” la pregunta es: “¿Qué obras tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?” La respuesta es única: “Creer en el que Dios ha enviado” (Jn 6, 68 ). Sin la obediencia de la fe, no hay vida eterna, es decir, no hay salvación.

2.      Los Mandamientos del Señor son luz para la tierra.

Una nación, una comunidad, una persona que no conozca los Mandamientos, no conoce la Palabra, no tiene la luz, está en tinieblas. Sin la Luz de los Mandamientos somos ciegos que buscamos la felicidad en el poder, en el placer, en tener, en las supersticiones como la brujería, hechicería, los encantamientos, en el culto a la santa muerte… Muchos son los que se pierden por causa de la ignorancia religiosa. Todo aquel hombre o mujer que da la espalda a Dios, cae en la idolatría, en la esclavitud de las cosas y de las personas; habita en tierra de tinieblas. Recordemos que “ídolo” es todo aquello que ponemos en el centro de nuestra vida en lugar de Cristo. El ´”ídolo”, siempre será opresor y explotador. Priva al hombre de su libertad y por lo tanto de su capacidad para amar.

Los hombres dicen: “si Dios existiera, no hubiera pobreza y miseria sobre la tierra; si Dios existiera no hubiera tanto dolor, sufrimiento y enfermedad sobre la tierra. La respuesta de los cristianos debería ser: Si los hombres guardáramos los Mandamientos del Señor habría paz, amor y gozo entre los hombres. No existiría la “brecha” entre pobres y ricos.

Para ser felices no basta con saberse los Mandamientos de memoria; como tampoco basta con hacer rezos o tener buenos deseos. Escuchemos a Jesús decirnos: “Felices los que conocen mis palabras y las cumplen” (Lc 8, 21; 11, 28) Mateo nos confirma lo anterior al poner estas palabras en los labios del Señor: “No todo el que me diga señor, señor, entrará en la casa de mi Padre” (Mt 7, 21) ¿Quiénes son los que se salvan? Los que hacen la voluntad de Dios.

3.     La condición para vivir como hijos de la Luz.

San Juan en su Evangelio pone en la boca de Jesús esta Verdad: Jesús les habló otra vez; les dijo: «Yo soy la luz del mundo; la persona que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» (Jn 8, 12). Y en su primera carta nos presenta un camino de espiritualidad. Presenta las condiciones para ser hijos de la Luz.

·      Romper con el pecado. Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y no hay verdad en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», hacemos de él un mentiroso y su palabra no está en nosotros (1Jn 1, 8-10)

·      Guardar los Mandamientos especialmente el del amor. Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y no hay verdad en nosotros.  Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. 10 Si decimos: «No hemos pecado», hacemos de él un mentiroso y su palabra no está en nosotros (1Jn 2, 3- 4)

·      Guardarse del mundo. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo cuanto hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas— no viene del Padre, sino del mundo. (1 Jn 2, 15ss)

·      Guardase de los anticristos: Hijos míos, ha llegado la última hora. Habéis oído que vendría un Anticristo; y la verdad es que han aparecido muchos anticristos. Por eso nos damos cuenta que ha llegado la última hora. (1 Jn 2, 18ss)

·      Cultivar las virtudes: Si alguno que posee bienes materiales ve que su hermano está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede residir en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra, sólo con la boca, sino con obras y según la verdad. (1Jn 3, 17- 18)

 

4.     El sentido de los Mandamientos.

Para el hombre nuevo, aquel que está en Cristo (2 Cor, 5, 17) los Mandamientos no son una carga; no son un freno que le impidan al hombre vivir a plenitud su existencia; Para el que está en Cristo hacer la voluntad de Dios expresada en cada Mandamiento es una delicia, es su gozo. Para el hombre nuevo el sentido de los Mandamientos es el “amor y el servicio al prójimo”. Cuando los Mandamientos se guardan por amor, el hombre se fortalece, se construye, se santifica. Escuchemos al Señor decirnos: “mi alimento es la voluntad de mi Padre y llevar a cabo su obra” (Jn 3, 34). La Obra del Padre es mostrarle al mundo un Rostro de amor, de perdón, de misericordia y de libertad, de santidad. Mostrar al mundo el rostro de Dios que podemos verlo en Jesús, el Hijo Amado del Padre.

5.     La advertencia de Jesús.

“Ustedes se pasan la vida leyendo las Escrituras, esperando encontrar vida en ellas, pero no han creído en el que Dios ha enviado” (Jn 5, 39) Quién puede negar que los fariseos y los escribas y todos los grupos religiosos no se sabían la “ley mosáica desde su infancia”. No obstante, Jesús avisa a sus discípulos diciéndoles: “Si vuestra justicia no supera la justicia de los fariseos no entraréis en el Reino de Dios” (Mt 5, 20). Ellos guardaban los Mandamientos, hacían oración, pagaban el diezmo y hasta daban limosnas, pero, no tenían misericordia…Hacían las cosas para que los viera la gente, les preocupaba el quedar bien. Juzgaban y condenaban a sus semejantes, mientras que la Palabra dice: “No juzguen para no ser juzgados, no condenen para no ser condenados; perdonen y serán perdonados” (Mt 7, 7)

Publicar un comentario

Whatsapp Button works on Mobile Device only

Start typing and press Enter to search